Historia de un desafio. Bilbao-Santander en bicicleta (1903) - José Gutiérrez López Ampliar

Historia de un desafio. Bilbao-Santander en bicicleta (1903) - José Gutiérrez López

Las velocípedos y las primeras carreras ciclistas aparecen en Cantabria en los últimos años del siglo XIX. Primero en las pistas ovales y después conquistando las carreteras y caminos de la provincia. Esta es la historia de aquellos inicios ciclistas y del momento en el que la afición local toma la decisión de ampliar sus horizontes regionales y proponer un desafío deportivo a la vecina Vizcaya.

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Historia de un desafio. Bilbao-Santander en bicicleta (1903) - José Gutiérrez López <p>Los velocípedos aparecen en Cantabria en los últimos años del siglo XIX. Lo hacen antes que los primeros automóviles. Sus usuarios pioneros fueron gente seducida por una modernidad que llegaba en forma de metal, ingenio y mecanismos, y que muy pronto añadió, al mero objetivo de transporte autónomo o movilidad, el de la pasión por la competición deportiva. Y así nacieron las primeras carreras ciclistas en Cantabria. Primero en las pistas ovales y después, poco a poco, conquistando las carreteras y caminos de la provincia.</p> <p>Esta es la historia de aquellos inicios ciclistas y del momento en el que la afición local toma la decisión de ampliar sus horizontes regionales y proponer un desafío deportivo a la vecina Vizcaya. El evento, que tomo forma de competición por equipos, y cuya crónica resulta jugosa y entretenida, marcó un antes y un después de la actividad ciclista cántabra, la cual, a partir de ese momento, mostraría cierta vocación promotora en la organización de pruebas nacionales e incluso internacionales.</p> <p>Pero lo más importante entonces fue la propia prueba, cuyo relato no tiene desperdicio, y es capaz de divertir con sus curiosas anécdotas, ya fueran estas causadas por las circunstancias concretas de la época en que se celebró o por la atemporal condición humana, la cual repite patrones de comportamiento deportivo más de un siglo después.</p>
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Los velocípedos aparecen en Cantabria en los últimos años del siglo XIX. Lo hacen antes que los primeros automóviles. Sus usuarios pioneros fueron gente seducida por una modernidad que llegaba en forma de metal, ingenio y mecanismos, y que muy pronto añadió, al mero objetivo de transporte autónomo o movilidad, el de la pasión por la competición deportiva. Y así nacieron las primeras carreras ciclistas en Cantabria. Primero en las pistas ovales y después, poco a poco, conquistando las carreteras y caminos de la provincia.

Esta es la historia de aquellos inicios ciclistas y del momento en el que la afición local toma la decisión de ampliar sus horizontes regionales y proponer un desafío deportivo a la vecina Vizcaya. El evento, que tomo forma de competición por equipos, y cuya crónica resulta jugosa y entretenida, marcó un antes y un después de la actividad ciclista cántabra, la cual, a partir de ese momento, mostraría cierta vocación promotora en la organización de pruebas nacionales e incluso internacionales.

Pero lo más importante entonces fue la propia prueba, cuyo relato no tiene desperdicio, y es capaz de divertir con sus curiosas anécdotas, ya fueran estas causadas por las circunstancias concretas de la época en que se celebró o por la atemporal condición humana, la cual repite patrones de comportamiento deportivo más de un siglo después.